Nuestras Razas Labrador Retriever

Labrador Retriever

El retriever del Labrador o simplemente labrador es la primera raza que, sin ser perro de guarda ni de defensa, ha alcanzado la universalidad. Por lo general, no hace falta que un perro destaque en los terrenos utilitarios para convertirse en un excelente acompañante, ni basta que una raza tenga una brillante “hoja de servicios” en cualquier especialidad para que se le abran automáticamente las puertas del éxito. Pero, para un perro que al principio se convirtió en el retriever más famoso de todos, el hecho de que se le utilice tanto en la lucha antidroga y en la antiterrorista como para guiar a los ciegos no ha dejado de repercutir en su celebridad. Una raza que demuestra tan grandes cualidades en las tareas más variadas tiene que ser excelente en los papeles más corrientes.

Así, el labrador se mueve en una línea paralela a la del pastor alemán, con un estilo y con una personalidad y unas ventajas completamente diferentes.
Nació a finales del siglo XIX y terminó por alcanzar el éxito después de la guerra de 1914-1918.

Por lo que respecta a los orígenes del labrador, siguen envueltos en una espesa bruma, como la que rodea la isla de Terranova. No cabe duda que el labrador tuvo una larga y provechosa estancia en aquella tierra inhóspita. Allí fue donde adquirió una resistencia nada corriente, la afición al líquido elemento y el sentido de la busca y del cobro para complacer a su dueño. Pero hay pocas posibilidades de que sea originario de allí, pues Terranova está habitada sólo desde el siglo XVII, y probablemente fue entonces cuando se introdujeron en la isla diversos tipos de perros. Así, los colonos británicos, que necesitaban perros de tiro y de trineo, importaron del Antiguo Continente sólidos ejemplares que constituyeron la base de la raza terranova y evidentemente estaban emparentados con los molosos del tipo montaña.

Por otra parte, para repescar los peces que se escapaban de las redes o se desenganchaban de los anzuelos, los pescadores de Terranova contaban con la ayuda de perros de menor tamaño pero muy adaptados al agua. Para adquirir esos perros sólo podían buscar entre los especialistas acuáticos (como el barbet, el perro de agua español o portugués o los wáter espaniels) que había en la población canina europea ya que ninguno de ellos se parece al labrador de cerca ni de lejos. Si esos perros no llegaron del este, lógicamente tenían que haber venido del oeste, y en definitiva, la costa norteamericana sólo está a una millas de Terranova.

Tomando como base los puntos comunes entre la raza terranova y los retrievers (Chesapeake bay, golden, flat coated, curly coated y labrador) se puede esbozar un retrato verosímil del ancestro del labrador: un perro de tamaño mediano aunque muy sólidamente contruido, con una cabeza ancha de orejas caídas pero no muy grandes, cubierto por un pelaje más notable por su densidad e impermeabilidad que por su longitud.
Por desgracia, esta suposición no se apoya en ningún testimonio de la época.

También se dabe que los pescadores vascos estuvieron en Terranova en el siglo XVI, mucho antes que los británicos. De ahí a imaginar que los vascos llevado perros de los Pirineos parece bastante quimérico. En cuanto a la tercera suposición, según la cual el labrador habría nacido del cruce entre un perro y una nutria, no deja de ser una fantasía sin fundamento.

Así pues, todo parece indicar que el labrador procede de perros norteamericanos, algo que también parece deducirse de su misma denominación, al contrario de lo que sucede en muchas razas caninas. Los perros ayudaban a las tribus indias a pescar en las aguas de los ríos de la región que dio su nombre a nuestro retriever, en las que abundaba la pesca pero que eran extremadamente frías. Los pescadores occidentales no tardarían en darse cuenta del interés que suponía tener unos perros tan rudos y entusiastas, a pesar de que no parecían valer mucho. La modestia de todos aquellos personajes, indios, pescadores y perros, fue sin duda la causa de que no nos haya llegado ningún relato escrito de su historia.

En todo caso, el labrador estuvo a punto de desaparecer. Por otra parte, el que llegara al Viejo Continente y el que todavía exista hoy constituye una verdadera paradoja, ya que se debe a las medidas adoptadas por la administración de Terranova para limitar drásticamente la cantidad de perros de la isla.
A finales del siglo XVIII ya no era indispensable la presencia de los perros, ni de los grandes para el tiro ni de más los pequeños para la pesca. Las vías de circulación surcaban la isla y la pesca se industrializaba casi por completo.  En 1780, el gobernador Edwars decidió limitar el número de perros a uno por vivienda y como la medida no pareció surtir el efecto deseado, en 1815 las autoridades tomaron la decisión más drástica, eliminar todos los perros que no llevaran bozal. ¿De qué seacusaba a los perros? No se sabe con certeza. ¿Había demasiados? ¿Eran un obstáculo para la cría de ovejas? Lo cierto es que la ciada medida se cumplió y los habitantes de Terranova se deshicieron de la mayoría de sus perros.

Muchos atravesaron el Atlántico y fueron a buscar un nuevo dueño en los muelles de Poole, el principal puesto de atraque de los bacaladeros británicos. Los más grandes, que resultaban espectaculares por su hermoso y largo pelaje, acapararon la atención y se les atribuyó no sólo fuerza sino también las capacidades de los perros de agua, unas capacidades usurpadas a veces ya que se confundían los perros grandes del interior con los más pequeños de la costa.  En pricipio, a estos últimos se les llamaba “Terranova de Saint John’s”, aunque cabe suponer que todo el mundo contribuía a mantener la confusión; a pesar de que el perro fuera un poco pequeño, no por ello le gustaba menos el agua, mientras que aunque fuera muy grande y no le gustara zambullirse, no por ello dejaba de ser hermoso. De modo que cabe pensar que en la isla hubo mezclas entre tipos de perros, lo que no facilitó una diferenciación clara.

¿Estaban los terranovas de Saint John’s condenados a desaparecer, o cuando menos a confundirse con los perros salvadores o considerados como tales? Por suerte no ocurrió nada de eso porque por ellos se interesaron los cazadores que no necesitaban perros enormes ni se preocupaban por la hermosura de un auxiliar sino que buscaban un colaborador capar de ir a buscar la pieza en el agua glacial y profunda. Los cazadores que adoptaron este perro de aspecto poco corriente únicamente por sus cualidades utilitarias, fueron los que lo libraron de la desaparición.

Por eso los cazadores no eran del montón; no tenían nada que ver con los que modestamente se contentan con un perro polivalente que actúa “cubierto por la escopeta”. Eran landlords que tenían grandes fincas con caza abundante y disponían de las armas más sofisticadas de la época. Y lógicamente se mostraban muy exigentes sobre las aptitudes de sus auxiliares.

Por consiguiente, sus perros de muestra se especializaron mucho, con un olfato de lo más fino y unas aptitudes atléticas igualmente excepcionales; no iban con la nariz pegada al suelo ni corrían al pequeño trote sino que galopaban con la nariz husmeando la emanación alta, más sutil y fugaz. Esos eminentes especialistas se llamaban pointer y setter.

Evidentemente, no se trataba de pedirles que detuvieran su busca tan rápida como elegante para ir en contra de su naturaleza y de su adiestramiento; ese trabajo requiere examinar cuidadosamente cada matorral, seguir pacientemente al ave herida que huye o atravesar el río para cobrar la que haya caído en la otra orilla. Y entonces, ¿cómo se habría podido hacer la muestra a la vez que deslizarse y observar el punto exacto donde cayó la pieza? Y cuando el perro se pone a mostrar, eso puede llevar mucho tiempo.

Hay otro estilo de caza para quienes presumen de la puntería con la escopeta, la batida. A pesar de un personal numeroso, a veces ocurre que el cuadro no corresponde al número de piezas caídas. En cada caso falta un personaje, un perro que complete el trabajo de los perros de muestra o que sustituya a los hombres que baten los matorrales.

Los grandes cazadores británicos se dieron cuenta de que algunos perros que procedían de Terranova tenían unas notables aptitudes pues, además de su increíble resistencia a la fatiga y a la intemperie, les gustaba mucho traerles a su dueño lo que éste les lazara o señalara, incluso en agua fría y profunda, que es donde hay mayor riesgo de perder piezas.

Es verdad que los recién llegados no eran perros de caza exactamente y sin duda les faltaba un poco de olfato. También tenían un aspecto muy diferente uno de otros. Para remediar esos inconvenientes había dos soluciones, o cruzar aquellos perros con razas de caza dotándolos al mismo tiempo de más olfato, mayores cualidades de caza y menor aspecto – era la vía más rápida - , o seleccionarlos pacientemente, mejorando y eliminando, lo que resultaría mucho más lento. Con el primer método se producto el flat coated, el curly coated y el golden, que fueron los primeros retrievers que existieron. El segundo método dio lugar al labrador.

Las comparaciones entre las diversas razas de retriever le dieron la razón muchas veces a la segunda solución, aunque tuvieron que pasar setenta años para demostrar esa supremaciía. Fue el lapso de tiempo que transcurrió desde los años 1820 – 1830, cuando lord Malmesbury, lord Scott y otros nobles de Gran Bretaña empezaron a escoger sus primeros labradores entre los perros que acababan de llegar de Terranova, hasta finales del siglo pasado cuando la raza empezó a imponer en los field trials.

Si  se tiene en cuenta que el progreso del labrador estuvo ligado al de los pointers y los setters y que hubo que escoger entre perros de terranova de aspecto y calidad muy variables, se verá que hizo falta todo ese tiempo para que un modesto perro de pescador se convirtiera en un brillante perro de caza.

Cualquiera que está versado en la materia se quedará sorprendido si le dicen que el labrador “es un animal flemático”, prototipo del perro de compañía que se adapta a todos los ambientes, incluso a los más urbanizados. En todo caso, no se puede negar que la distancia entre el perro de Terranova y el retriever es menor que la que separa a este mismo retriever del ocioso perro de cuidad que a veces se le quiere convertir.

La raza, que fue reconocida oficialmente por el Kennel Club en 1903, vivió su plena madurez durante el período de entreguerras; el labrador triunfó entonces tanto e los concursos de trabajo como en los rings de las exposiciones llegando a subir a lo más alto del podio (especialmente en Cruft). En aquel momento se convirtió en el símbolo de la alta sociedad británica, muy aficionada a la caza; ni lord Knutsford ni la condesa Howe, que fueron quienes más contribuyeron al perfeccionamiento del labrador, sonreirían incrédulamente si se les dijera que su raza preferida, creada por y para una élite de cazadores, se ha convertido hoy en una de la más populares del mundo.

Y sin embargo eso es lo que ocurrió sobre todo en el mundo anglosajón, desde Estados Unidos a Gran Bretaña pasando por Australia donde ya hace mucho tiempo que el labrador figura en los primeros lugares del box office canino.

Comportamiento

El éxito del labrador se debe en parte a que tiene el aspecto de un perro elegante y hasta esnob, al mismo tiempo que parece un perro sencillo, de buen temperamento y elegancia discreta. Si hubiera tenido un aspecto más llamativo, seguramente habría menos aceptación; y ese mismo resultado habría conseguido si hubiera sido únicamente el perro de personas modestas.

Resulta evidente que su popularidad no se debe sólo a ese contraste sino también  a unas eminentes y muy apreciables cualidades que se derivan directamente de su empleo original.

Un buen retriever – y el labrador ha demostrado que es uno de los mejores sino el mejor -  debe ser obediente, fácil de adiestrar, capaz de comprender pronto y bien, dotado de una gran memoria, y al que sobre todo le guste obedece y trabajar para su dueño (y no para sí mismo).
En realidad, el labrador forma parte de los perros “precoses” que no tardan (hacia los ocho o diez meses) en saber desempeñar su tarea a la perfección o en asimilar perfectamente como buen acompañante las bases del saber vivir canino.

Su oficio fundamental requiere que siga a su dueño paso a paso y que observe todos sus gestos e indicaciones, es decir, que sólo vea la caza a través de los ojos de su dueño, a diferencia de otros eminentes auxiliares del cazador que sienten un placer más personal en su trabajo que corresponde más directamente a su instinto, a saber, la búsqueda de la pieza.

Ello no quiere decir sin embargo que el labrador sea sólo un criado servicial.  A sus dotes de observación (la facultad que tiene el retriever para localizar exactamente el punto de caída de la pieza se llama marking) y a su memoria se añaden la resistencia y el valor (cuando se trata de zambullirse en el agua fría) así como el sentido de la iniciativa.

Alguna de las cualidades le predisponen a convertirse en un excelente perro de compañía. Tiene una robustez que no le convertirá en un cliente asiduo de los consultorios veterinarios y su denso pelo sólo requiere un mínimo de cuidados. Es grande, o mejor dicho, no es pequeño, y en especial fuerte y activo, desbordante de energía y deportivo. Tolerante y afectuoso, se educa sin problemas, tiene muchas afinidades con los niños y es capaz de adaptarse a muchas situaciones; ¿qué más se le podría pedir?

No es un perro de guarda precisamente aunque tenga el sentido del territorio, como todos sus congéneres. Así, en un pabellón aislado, sabrá actuar como un perro guardián con la voz potente y la corpulencia que tiene, pero sin demasiada agresividad, mientras que en una casa donde la puerta esté constantemente abierta a los amigos y las visitas se apreciará sobre tdos us naturaleza sociable.

Este huésped privilegiado de las aristocráticas haciendas inglesas se contenta plenamente con unas condiciones de vida más modestas. Le basta un jardín pequeño con tal de que sus dueños lo integren en su vida, ya que se le puede llevar a cualquier sitio; no busca pelea con los demás perros, no hay peligro de que muerda a un desconocido que atraído por su aspecto simpático quiera acariciarlo. Y nada le pondrá más contento que un largo paseo por el campo; cabe señalar a este respecto que no es difícil enseñarle a obedecer y que no tiene tendencia a fugarse.

Le gusta jugar con los niños, con los que quemará su exceso de energía, y con los que sabrá ser paciente y agradable, lo que no quita para que sepa hacerse respetar por los críos, gracias a su envergadura. La posibilidad de ir a bañarse le colmará de felicidad. Pero se ha de tener en cuenta que su afición al agua no dispensa un mínimo de prudencia; el labrador de dos años que nunca haya visto el agua y al que se le empuje a la fuerza, puede que no le guste demasiado la experiencia; del mismo modo, si por casualidad se va por la orilla de un río, es posible que su primer movimiento no sea el  de lanzarse al agua. Pero una vez que haya entrado en contacto con el líquido elemento en condiciones favorables, se aficionará al baño y sorprenderá a todo el mundo por su energía, resistencia a la fatiga e indiferencia al frío.

Necesita hacer ejercicio (y no únicamente salidas cortas) y poder corretear por la hierba. De todos modos, necesita vivir cerca de sus dueños. Tanto como utilizar sus capacidades atléticas, le gusta complacer a la familia, sentirse útil aunque no sea cazando obligatoriamente. En todo caso, no le gusta la soledad ni la indiferencia. Si se le deja solo gran parte del día, este perro sin problemas y tranquilo no se quedará quieto y podrá causar destrozos.
El labrador no nace ya educado y mesurado. Es verdad que intentará satisfacer los deseos de sus dueños pero no será un modelo de prudencia si no se muestra un poco de firmeza y paciencia con él y no se intenta inculcarle la base de la educación canina. Pasar bruscamente de la indulgencia y la indiferencia a los accesos de cólera y de severidad es la mejor manera de herirlo. Aunque el labrador sea sin duda un factor de equilibrio en la familia, también hace falta que ésta ponga algo de su parte.

Además de su inteligencia, el labrador está dotado de un olfato excepcional. Los servicios del ejército, de policía y de aduanas de varios países reconocen el valor de este perro para todas las funciones – que son muchas – además de las de guardián y defensor.

Su rusticidad, el escaso mantenimiento que requiere, su deposición para trabajar y su aptitud para aprender se combinan con una finura de olfato que le permite detectar cualquier tipo de objetos y de sustancias. De ahí que se haya convertido en uno de los detectores de drogas más utilizados. Como se ha podido comprobar, localiza los indicios de presencia de todas las drogas en los escondites más ingeniosos incluso cuando están mezcladas con sustancias muy olorosas como el ajo y la cebolla.

También es un detector de explosivos de primera, aun cuando este trabajo se contradiga del todo con su atavismo y de cobrador, ya que se trata sobre todo de no coger el artefacto mortífero después de haber señalado su emplazamiento. En Gran Bretaña, donde hace mucho tiempo que el ejército se enfrenta con el terrorismo, se le dedica a buscar armas; en este caso, lo que permite detectarlas es la presencia de grasa. Así se ha visto cómo un labrador encontraba ametralladoras escondidas en los muros. Claro está que el perro no se fija en las armas que están en su sitio normal como una escopeta de caza colgada del armero.

En la gendarmería de Francia se está experimentando un tarea que ya se aplica en otros países, la de localizar en un lugar público al individuo portador de un arma de fuego; el malhechor no se inquiera por el aspecto que tiene el labrador, pues éste se limita a mover la cola cuando siente un revólver.
En España está empezando a desplazar a las demás razas como perro de guía para ciegos, misión para la cual resulta muy importante su carácter equilibrado y nada pendenciero, y su capacidad para aprender. Actualmente la ONCE está llevando a cabo una campaña para la mejor socialización del cachorro, que consiste en entregarlo a una familia con la que convive hasta hacerse adulto y comience su adiestramiento y trabajo como perro lazarillo.
Este perro también puede prestar otros servicios valiosos como buscar supervivientes entre los escombros o detectar los escapes de gas. Su vocación humanitaria de perro lazarillo con la que muestra una ponderación y una capacidad de iniciativa de lo más sorprendente, ha contribuido decisivamente a su popularidad. También en este sentido es el líder.

Igualmente se podrían mencionar sus resultados en disciplinas más deportivas que utilitarias como los concursos de obediencia.

Por lo que respecta a su papel tradicional de retriever, no parece indispensable insistir en ello. Claro está que hay pocos cazadores que puedan tener varios perros (perro de muestra y retriever), aunque el labrador es el auxiliar por excelencia de las batidas, que honra a su propietario por su obediencia y cualidades de buscador y cobrador de diente suave, lo bastante fuerte como para coger una pieza grande y que no rezonga para cruzar el río.

Algunos utilizan el labrador de una forma poco ortodoxa, dedicándolo a buscar y meterse entre los zarzales.

Todas las opiniones son favorables, y la verdad es que se las mecerse este perro capaz de trabajar en las condiciones más diversas y que representa el tipo de perro de hoy y del futuro, con clase, sin ostentación ni artificio, en el que las cuestiones de comportamiento no quedan en un segundo plano por consideraciones estéticas.

El labrador es la imagen del perro bueno y valiente que sabe mostrarse atento y dispuesto a comprender, y el acompañante tranquilo pero capaz de desplegar una inmensa energía. La aceptación que tiene se la merece; sería de desear que no comprometiera su capital de simpatía y equilibrio.

En España, se debería de seguir la línea de otros países y organizar field trials – a la francesa con perro cogido de la correa o a la inglesa, en libertad – y seleccionar reproductores premiados en “trabajo” para mantener y consolidar su vocación fundamental de retriever. Si estas pruebas han permitido la selección de un perro que tiene tantas cualidades ¿por qué dejarlas de lado?

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